Aún recuerdo aquel día, yo como persona llegué a llorar. Me sentí avergonzada de pertenecer al género humano. Al ver aquellas fotos, escuchar tales comentarios ¿qué será lo siguiente? Que el ganador se beba la sangre? ¿Y decís que eran personas? ..resulta espeluznante.
Y pasados unos meses, sigo sin entenderlo…¿qué ocurre entonces?
Aquella persona que aprieta hasta el último agujero de la correa para asfixiar al perro y al quitarlo ve la gran marca que produjo…¿qué? ¿ahora te sientes mas fuerte?
O aquella que “únicamente” paga su enfado con la mascota y lo aferra de una rama…pues nada, ¿esa persona ya se alivió no? Realmente pienso ¿da gusto? Porque la realidad desde mí, es absolutamente distinta.
Aquella noche al acostarme, pensé que quizás habría un mundo diferente al nuestro en algún lugar…pero seguidamente descubrí que no existía esa posibilidad. Después, me quedé con la simple idea de imaginar un mundo distinto a este; pero la cálida mañana me desengañó. Salté a la calle rápidamente, pero nada, absolutamente nada había cambiado; todo seguía completamente igual. Así que….decidí preguntarme “¿no hay una posibilidad al menos?”
La verdad, sería un placer que las armas utilizadas quedaran paralizadas. ¿Habría una superpoblación de animales? PARA NADA!! Porque sencillamente, ellos mismos son capaces de autorregularse sin necesidad de ver por ultima vez la cara de un humano sin corazón.
Otra razón que anteponen diversas personas “¿nos vamos a quedar sin abrigos de piel?” y yo misma me pregunto ¿quiénes son los/as que piensan que para ir bien vestido es necesario piel y más piel? Porque sencillamente, admito que me encanta la ropa…pero si para vestirme necesito que acaben con la vida de un animal, quedaré sin vestir. Es como si no fueran conscientes; vamos a ver!! Que se necesitan 50 animales para hacer un abrigo y una sola persona para llevarlo, es inmoral.
En realidad pienso, que si un humano para satisfacerse necesita acabar con la vida de un animal, quizás sea porque no es tan humano como creemos. El culto a la violencia animal debería ser un delito y no un negocio, ni tampoco una diversión. Que bien pensaba aquel que dijo: “ Si los animales pudiesen hablar…¡cuantas cosas dirían!”
María José Expósito Alarcón
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